La otra cara de la depresión
La depresión es un estado de desesperanza máxima. El futuro se convierte en una fortaleza inexpugnable sin puertas. Con las manos desnudas se golpean las piedras de los muros y la sangre brota del corazón, la vida se escapa y los sueños se cierran en un libro que jamás será publicado.
Y finalmente, en un acto supremo de tragedia, se pasa de culpar a las circunstancias y a otras personas, a uno mismo. Yo soy el gran problema de mi vida.
La falta de carácter, una mente siempre pesimista, la incapacidad para encontrar recursos…, pero sobre todo la certitud con la que la mente sentencia el destino. Una certitud en la que no caben dudas.
Y eso es extraño, las dudas son inherentes al ser humano, desfilan en nuestra mente con paso militar una tras otra. Y de repente, toda esa maraña, desaparece y queda un desierto, sin agua, con polvo y la persona sola. Alejada de la Vida. Por eso es tan desesperante.
En este desierto apocalíptico el ego se ahoga, el correcaminos se lesiona y pierde velocidad. Está a merced del coyote. El correcaminos es nuestra parte ansiosa que quiere lograr las metas lo más rápido posible. El coyote es nuestra sombra, la parte que detestamos. Y aquí es donde se abre una doble posibilidad.
Posibilidad 1: El coyote por fin tiene la oportunidad de destruir a su “rival”. Si lo atrapa y lo dinamita, la depresión habrá ganado la partida. Porque no podemos vivir sin deseos. Y lo que queda se tornará oscuro y mezquino, no por maldad, por pura culpa de no saber vivir.
Posibilidad 2: el coyote se da cuenta que no tiene existencia independiente del correcaminos. La persona empieza a aceptarse, no para lograr los deseos del ego, sino para ir más allá de la estructura neurótica con la que se ha identificado.
El coyote y el correcaminos representan dos caras disociadas del ego. Son dos partículas cuánticas entrelazadas. Cuando las unificamos tenemos la posibilidad de ir más allá, de atravesar la ilusión de un yo en perpetua búsqueda de la felicidad. Es una “conjunción planetaria”, es una posición única que se da en pocas ocasiones.
La depresión podría ser una de esas “conjunciones”. En un mundo donde nada es lo que parece, quizás la depresión sea una puerta para ir más allá del yo personalista y acercarnos al Ser.
Podría ser una vía que conduzca al acto de rendición a la Vida.
Un desierto donde la única semilla que puede brotar es la gratitud por estar vivo.
